HISTORIA DE LOS ACEITES ESENCIALES ![]()
El arte de extraer los aceites es milenario, se practica desde tiempos inmemoriales.
Los egipcios cumplieron una labor importante en la historia del origen de los aceites.
Los inicios para aromatizar se remontan a la Edad de Piedra cuando los hombres incineraban maderas, frutos y raíces puestas sobre piedras calientes para aromatizar y complacer con humo (per fumum) a los dioses.
Con el tiempo, esta práctica fue utilizada por los egipcios en los templos.
Fueron ellos los primeros perfumistas artesanales de quienes se tiene noticia y que lograron extraer aromas naturales de los más variados tipos.
Poco a poco, las sustancias en estado bruto cedieron el sitio a preparados más complicados, como lo atestiguan las recetas halladas en jeroglíficos, en las tumbas de los faraones.
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Estas complicadas fórmulas se utilizaban como conservante en la momificación pues inhibían la putrefacción. También eran utilizadas para hacer ofrendas al dios Ra.
Se desconocía la destilación, por lo que se empleaban productos grasos (aceite vegetal, grasa animal ) para absorber los olores de las flores y resinas. A esta base agregaban colorantes y productos curativos extraídos de las plantas. Los ungüentos se conservaban en redomas y vasijas, a menudo de alabastro, o en vasos. También se han descubierto pequeños frascos de cerámica, piedra o alfarería, generalmente con forma de animales.
Desde el Imperio Antiguo al Imperio Medio, los aceites se reservaron más bien a usos religiosos, aplicaciones purificadoras, ofrendas a los dioses y culto a los muertos. Cuando se abrió la tumba de Tutankhamon en 1922 se encontró un gran número de recipientes que expedían un suave aroma al ser abiertos.
Más tarde, estos ungüentos y aceites perfumados, se aplicaron sobre una piel sana o herida según se usaran para fines cosméticos o terapéuticos.
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Las mujeres egipcias usaban los ungüentos y aceites aromáticos para su tocado o como cosmético, eran sumamente imprescindibles ya que esta civilización le prestaba importancia el cuidado del cuerpo y la estética. Ponían en el agua aceites mezclados con lima y después del baño se untaban con aceites perfumados para cuidar la piel. Es bien conocido por todos la importancia que los antiguos egipcios daban a su aspecto físico. En esto, como en tantas otras cosas, podemos considerarlos una sociedad avanzada, a pesar de su antigüedad. Para ellos eran importantes los vestidos, las pelucas, las joyas, el maquillaje y, como no, los ungüentos y perfumes, muy apreciados y más caros que el oro.
En principio estaba reservado a los sacerdotes, el estamento más distinguido y a los reyes o faraones, auténticos dioses y sus familias. A lo largo de las épocas fue pasando a los demás estamentos, pero siempre ha mantenido su sentido de exclusividad.
Los ungüentos eran imprescindibles. No olvidemos que Egipto es un país extremadamente caluroso y seco, por tanto las grasas que hidrataban y suavizaban su piel eran una necesidad, que ellos a lo largo de su historia fueron convirtiendo en lujo. Es más, parece lógico que añadieran elementos aromáticos a estos ungüentos, en parte por placer, y en parte para disimular el olor a rancio que, sin duda, tendrían los aceites y grasas. Así, los perfumes jugaron un importante papel a la hora de mitigar los olores corporales y ambientales por causa del calor.
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En China y el resto de Asia el uso de plantas para tratar enfermedades se remonta a más de 10.000 años.
Los hebreos también utilizaron aromas tanto para quemar en el templo como para enterrar a los muertos como demuestran las frecuentes alusiones en la Biblia. Las sustancias mas utilizadas, aromas y bálsamos eran los áloes, canela, tomillo, madera de sándalo, alcanfor, nuez moscada, clavo de olor y muchas otras sustancias vegetales y un nutrido conjunto de otros productos no menos olorosos que pertenecen al Oriente, y durante siglos han sido desconocidos por el resto del mundo.
Grecia adoptó de Egipto el gusto por las esencias y a su vez estos se los transmitieron a los romanos, tanto griegos como romanos fueron los que desarrollaron los perfumes para el aseo personal también.
Los griegos, que consideraban las esencias como un don de Venus, usaban un aroma diferente para cada parte del cuerpo: menta para los brazos, mejorana para los cabellos, aceite de palma para el pecho, tomillo para las rodillas y aceite de orégano para las piernas y los pies, entre otros.
Heródoto cuenta que las mujeres de Saytes trituraban sobre una piedra la madera de los cipreses, cedros e incienso añadiendo cierta cantidad de agua hasta que todo adquiría la consistencia de una pasta que se aplicaba a la cara y el cuerpo desprendiendo un agradable aroma y dejando la piel suave cuando se la quitaba. Homero narra como Venus velaba día y noche los restos de Héctor, vertiendo sobre él un bálsamo y, hablando de Ulises. Cuenta que tenían braseros para quemar y aromatizar en las casas.
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Aunque al principio estaba rigurosamente prohibida la venta a los romanos, su uso se fue generalizando y se fue creando un gran mercado de perfumes y de ingredientes para fabricarlos (esencias) que los romanos traían principalmente de los países conquistados en Oriente.
En la Edad Media se utilizaban ungüentos a base de ámbar, musgo o civeta que dejaban un fuerte olor; en los siglos XVIII y XIX los aromas extraídos de los animales pasaron de moda y se volvió al agua de flores.
Las materias primas que hoy dan vida a famosos perfumes, productos terapéuticos y de cosmética fueron en su tiempo preciados regalos que demostraban respeto y admiración a los demás.
El caso más conocido, que confirma el papel desempeñado por las esencias como precioso regalo, es el de los Reyes Magos. Estos sabios de Oriente eligieron el incienso, junto con el oro y la mirra, como ofrenda al niño Jesús en el portal de Belén. Esto confirma que se igualan en importancia a un metal precioso.
Como si se tratase de auténticas joyas, siempre han ocupado un lugar privilegiado, reservadas en un principio para las clases sociales más elevadas, hoy las esencias siguen vigentes ocupando un lugar importantísimo, por los beneficios que brindan a la salud y cuidado del cuerpo.
Imprescindibles para la elaboración de artículos de salud y belleza, las esencias hacen más agradable y saludable la vida de quien los utiliza.
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